La vuelta al playground: Homo Ludens

Hay una delgada línea que atraviesa el Derecho a la pereza (1880) de Paul Lafarge, el Homo Ludens (1938) de Johan Huizinga, las derivas de Guy Debord, la Zona Temporalmente Autónoma de Hakim Bey y La utilidad de lo inútil (2013) de Nuccio Ordine: todas ellas dictan la necesidad de abrir espacio-tiempos que rompan con el ritmo y la estructura a los que nos vemos sometidos en nuestro día a día. El capitalismo nos obliga a mantener un ritmo frenético bajo una lógica de la rentabilidad constante. La imposición de ser productivos en términos económicos no deja espacios para el descanso, el esparcimiento o el ocio salvo en los “sanos momentos de control” que nos ofrece el sistema mismo: si la función del Carnaval frente a la Cuaresma era clara, hoy las vacaciones en Punta Cana o en Marina d’Or facilitan una excelente válvula de escape.

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